Revista Voces contra la Trata de Mujeres | Proyecto ESPERANZA Adoratrices » Entrevista a expertos/as http://voces.proyectoesperanza.org Revista especializada sobre Trata de Personas y Derechos Humanos Tue, 22 Apr 2014 10:17:28 +0000 es-ES hourly 1 http://wordpress.org/?v=3.6.1 La víctima y los procesos de victimización http://voces.proyectoesperanza.org/la-victima-y-los-procesos-de-victimizacion/ http://voces.proyectoesperanza.org/la-victima-y-los-procesos-de-victimizacion/#comments Wed, 30 Nov 2011 09:30:26 +0000 voces http://voces.proyectoesperanza.org/?p=361 Profª Drª Myriam Herrera Moreno
Profª TU de Derecho penal
Universidad de Sevilla

Acercarse al mundo personal de la víctima es un ejercicio de valentía, sea en el nivel analítico, sea en el asistencial. Supone asomarse al foso de los propios miedos, riesgos y debilidades para empatizar con el perdedor.

Un rechazo innato hacia quienes son “recordatorios vitales de nuestra propia vulnerabilidad” quizá explique, en parte, que hayamos debido de progresar no poco en los procesos de civilización para que los estudios, las normativas y movimientos sociales victimológicos se hayan intensificado hasta el inédito nivel que hoy alcanzan. Como unidad científica, la víctima ha dejado de ser una “cenicienta disciplinar” para auparse a un genuino predominio extensivo. Es precisamente esa entusiasta movilización mutidisciplinar la que hoy nos permite acercarnos, con el máximo rigor e información, al complejísimo mundo de las víctimas.  

Comenzamos así, a hablar de víctimas, victimarios, y procesos de victimización. El gran victimólogo Antonio Beristain advierte que ese giro terminológico tiene un enorme valor simbólico: se trata de hacer trascender que el preciso protagonismo científico reside en la víctima, en su plena y central humanidad. Además de esta dimensión simbólica, el protagonismo de la víctima nos conduce a logros objetivos propios en el terreno de la comprensión, prevención y asistencia.  

La víctima: Las claves conceptuales son las de adversidad, padecimiento e injusticia.

Existe, en primer lugar, una víctima social ligada a la exclusión y carencialidad. Las cuales sufren pobreza, desamparo, marginalidad cultural, y son el eslabón más frágil de la injusta cadena de la desigualdad humana.

Podemos hablar, en segundo lugar, de la víctima del delito. Esta víctima ha sido objeto de un abuso criminal, tipificado y admitido formalmente como injusticia en una legislación penal. El fundamento jurídico sobre el que irremisiblemente se basa la intervención penal es de carácter público, de sentido preventivo, en absoluto personalista ni victimal. Por ello, la acción victimológica va mucho más lejos que la muy limitada acción de la justicia punitiva.  

En último término, podemos hablar de víctimas de infortunios naturales o tecnológicos, como enfermedades, accidentes y catástrofes. No sin razón, Mendelssohn, pionero de la Victimología, incluía a estas víctimas, a todas las víctimas concebibles, refundidas en una única categoría de seres humanos dañados y, por ello, con problemáticas comunicables.

Sin embargo, la amplia visión mendelsohniana no triunfó en los primeros foros criminológicos, estimándose en exceso ambiciosa, difusa y, por ello, poco operativa.

En la Declaración sobre los principios Fundamentales de Justicia para las Víctimas de Delitos y de Abuso de Poder. Asamblea General de las Naciones Unidas, 1985, la víctima fue conceptuada, por vez primera en un documento internacional:

“Se entenderán por víctimas las personas que, individual o colectivamente, hayan sufrido daños, inclusive lesiones físicas y mentales o sufrimiento emocional, pérdida financiera, o menoscabo sustancial de los derechos fundamentales como consecuencia de acciones u omisiones que violen la legislación penal vigente en los estados miembros, incluido el abuso de poder. Se incluirá a los familiares o personas a su cargo que tengan relación inmediata con la víctima directa y a las personas que hayan sufrido daños al intervenir para asistir a la víctima en peligro o para prevenir la victimización”.

En este referencial texto, identificamos a la víctima criminal (pero también a las víctimas de abuso de poder, incluso si no está reconocida en algún régimen autoritario) víctima individual o colectiva, (incluyéndose aquí a las víctimas de crímenes contra la comunidad internacional, delitos de lesa humanidad, víctimas de genocidio, violaciones de guerra y trata de seres humanos, reclutamiento de niños-soldado etc); a víctimas perjudicadas civiles, aunque no hayan sido objeto inmediato del delito (con plena significación procesal) y víctimas indirectas (los familiares de la víctima, que la superviven o acompañan en el sufrimiento); en último término, a la llamada, en Victimología, víctima buena samaritana, es decir, a aquella que sufre victimización cuando acude en legítimo auxilio defensivo de otra víctima en grave peligro.

 

 

 

Niveles de victimización. La victimización se califica según tres niveles de impacto:

  • Victimización Primaria: la sufrida por la víctima a consecuencia de la originaria agresión o injusticia  criminal. Estudiamos aquí entre otros factores:
    • La interacción víctima-victimario, la “pareja penal”, y sus relaciones de complementariedad, las relaciones de poder, la actitud de la víctima, la retroalimentación o escalada de las situaciones victimizantes, el impacto de los llamados ciclos de victimización.
    • Identificación y evaluación de factores de riesgo y desamparo victimal. Hablaremos, así, de vulnerabilidad personal (referida a riesgos individuales psico-bio-sociales, así: la falta de habilidades sociales, la diferencia cultural, el analfabetismo, la inmadurez o la minusvalía), vulnerabilidad relacional (debida a un acentuado diferencial de poder) o vulnerabilidad contextual (es un contexto victimógeno el factor de desamparo).
    • En los últimos estudios se identifican carreras de victimización. En estas vidas poli-victimizadas (Finkelhor) la acumulación de adversidades genera auténticas escaladas de abuso e injusticia.  
  • Victimización Secundaria: victimización añadida, subsecuente a la primaria, que padece la víctima normalmente al ser estigmatizada, culpada o rechazada en contacto con las instituciones (policía, operadores jurídicos, asistentes) o con el marco social de reacción (medios de comunicación, comunidad, entorno de la víctima). Aquí la víctima sufre fundamentalmente por dos factores:
    • Porque es instrumentalizada al cumplimento de otros fines que transcienden su humanidad (la enloquecedora lógica judicial, la no menos utilitaria lógica de las audiencias en pos de la víctima noticiable).
    • Porque se activan mecanismos soterrados de inculpación y rechazo social: la víctima comporta el valor simbólico de recordarnos nuestra propia fragilidad; si la culpa reside en ella (su actitud fue reprochable, ella se lo buscó), puede neutralizarse la percepción de amenaza personal, como bien lo estudiara Lerner. En ocasiones, la excusa viene servida por la condición o conducta no convencional de la víctima: si esta no se adecua a unos patrones de idealidad (Christie) será fácil condenarla y estigmatizarla. Es el caso de víctimas toxicómanas, prostitutas, de culturas que nos resultan ajenas, etc.
  • Por último, hablaremos de victimización terciaria, que ha sido relacionada con tres temáticas distintas:
    • La victimización del penado, objeto de excesos punitivos y erosión prisionalizadora.
    • La que se sufre de modo vicarial o indirecto (mediante imágenes televisivas o cuando se es testigo de una victimización violenta).
    • La que sufre la víctima al construir obsesivamente su identidad en torno a la victimización. Este aspecto es de extremarelevancia para los asistentes de víctimas, cuya delicada labor es orientar a la “desvictimización”, o mejor aún, a una constructiva “reinserción social de la víctima” (García Pablos de Molina). Ahora bien, se trata de un proceso gradual que en absoluto debe convertirse en un procedimiento formulario y maquinal donde haya de satisfacerse la forzada obligación de “dejar de ser víctima”. Este proceso asistencial debe generar resiliencia (capacidad y fuerza restauradora) y debe contribuir a la potenciación (“empoderamiento”) de la víctima para que trascienda de un posible nivel de desamparo.    

En esa labor no solo debe estar comprometida la asistencia, sino, ciertamente, la sociedad al completo. Por eso es tan relevante la tarea de prevención victimal:

  • Prevención victimal primaria: estrategias de sensibilización y toma de conciencia social, dirigidas a la población en general. Son vitales, pero su uso debe ser cauteloso para que no se genere alarma cívica.
  • Prevención victimal secundaria: dirigida a personas que portan factores de vulnerabilidad. La idea es intervenir con estas víctimas potenciales para reforzarlas, informarlas y facilitarles capacidades de afrontamiento específico. También esta tarea esmuy comprometida, porque su abuso puede llevar a que la persona se sienta reprochada, estigmatizada por característicasde riesgo que ella no controla.
  • Prevención victimal terciaria: alguien que ha sido victimizado puede ver incrementado el riesgo de volver a sufrir una victimización de la misma naturaleza. Muchos factores contribuyen a ello, pero destaca la explicación de la llamada victimización-potenciadora (Tseloni, Pease et al). Si las circunstancias se mantienen, el infractor tiene motivos adicionales para reincidir con la misma víctima cuyas carencias conoce y con la que su plan ya tuvo éxito. Las estrategias terciarias impiden la re-victimización, proporcionando ostensibles instrumentos de renovación personal y situacional, de modo que el victimario capte los cambios y desista de un nuevo intento.

 

Es mucho lo que queda por andar y lo que podemos aportar a las víctimas, pero mucho más es lo que ellas nos ofrecen: la profunda humanización, la recuperación del sentido social de una comunidad que, abismada en sus asuntos, como nos recordara Beristain, pasa de largo, como aquel fariseo en la victimológica parábola del Buen Samaritano.

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El camino de la desvictimización http://voces.proyectoesperanza.org/el-camino-de-la-desvictimizacion/ http://voces.proyectoesperanza.org/el-camino-de-la-desvictimizacion/#comments Wed, 30 Nov 2011 09:30:26 +0000 voces http://voces.proyectoesperanza.org/?p=379 En esta sección ofrecemos un resumen extraído de la crónica de la sesión “Etiqueta de víctima” celebrada el día 6 de julio en el contexto de las Conferencias Internacionales organizadas por la GAATW (Alianza Global contra la Trata de Mujeres) tituladas Beyond borders: trafficking in the context of migrant, labour and women´s Rights, celebradas en el año 2010 en Bangkok, Tailandia.

Las ponentes que se hicieron cargo de esta sesión fueron: Julie Ham, del Secretariado Internacional de la GAATW; Warunee Chaiwongkham, del Programa de Autocapacitación para Mujeres Migrantes SEPOM (Tailandia); Iris Rodríguez, de Proyecto ESPERANZA (España); y Noushin Khushrushahi (Canadá).

http://www.gaatw.org/publications/IMCC2010_Report.pdf.

(La traducción al castellano es de Pablo Calero).

Julie Ham (SI GAATW) inauguró la sesión con una presentación titulada “Trascendiendo fronteras: análisis de los vínculos entre la trata y el género” (Beyond borders: exploring links between trafficking and gender). Una de las principales observaciones del documento de trabajo es que los discursos “anti-trata” aún siguen descansando en gran medida sobre ideas relacionadas con la vulnerabilidad de las mujeres, y no con sus derechos. Además, dichos discursos suelen percibir la vulnerabilidad como una parte inherente de la naturaleza de la mujer, en lugar de como un resultado del contexto de la persona. Actitudes como estas pueden conducir a que las medidas contra la trata sean más perjudiciales que beneficiosas.

Tanto los ponentes como los participantes debatieron sobre la forma en la que etiquetas como “víctima” o “persona objeto de trata” pueden acarrear consecuencias sociales tangibles (como habladurías, estigmas, desprestigio), consecuencias  económicas (tales como la predisposición de los empleadores hacia las personas objeto de trata) y consecuencias emocionales (por ejemplo, un aumento de la sensación de soledad, desesperanza, etc.). Algunos participantes señalaron que las etiquetas pueden mermar significativamente –entre otras capacidades– el poder, la autonomía, la dignidad y la seguridad de las personas.

Las denominaciones como “víctima” o “persona objeto de trata” suelen, además, estar asociadas con servicios sociales de asistencia y apoyo ya que, en ocasiones, las mujeres solo pueden solicitar apoyo si aceptan ser identificadas o “etiquetadas” como víctimas. Por ende, es necesario sopesar si la prestación de asistencia social a personas objeto de trata compensa las posibles consecuencias sociales que puede generar.


Sin embargo, Sarah Hunt (GAATW, Canadá) y Noushin (Canadá) señalaron que identificar a las personas como víctimas también puede capacitarlas cuando ello les permite revelar el abuso como una violación de sus derechos en lugar de como una situación socialmente aceptada.

Los/las ponentes y los/las participantes debatieron también sobre los usos estratégicos de la “etiqueta de víctima”. Cuando las etiquetas van asociadas con dinero o recursos –es decir, cuando solo se permite a las mujeres acceder a recursos si acceden a ser etiquetas de una determinada manera– algunas de ellas optan por aceptar temporalmente una denominación impuesta para
beneficiarse de ayudas como casas de acogida, o bancos de alimentos, o acceder a la regularización de su situación como inmigrante. Noushin Khushrushahi (Canadá) bautizó este fenómeno como “victimización estratégica”.

John Gee (Transient Workers Count Too, Singapur) añadió que los medios prefieren las ideas simplistas sobre víctimas a las historias positivas sobre migrantes: “La gente se siente cómoda al tratar con víctimas porque siempre resulta más sencillo recurrir a lo fácil, y verlas como personas suscita un gran número de preguntas complejas”.

Iris Rodríguez (Proyecto ESPERANZA) también puso de relieve el hecho de que las etiquetas conllevan diferentes graduaciones: por ejemplo, las mujeres tienden a considerar que las denominaciones de “persona objeto de trata” son excesivamente estigmatizantes, mientras que las de “víctima de violencia” pueden ser, en términos sociales, más aceptables y acarrear menos
consecuencias. Iris reflexionó sobre cómo unos antecedentes de trata pueden resultar problemáticos para la mayoría de los empleadores. En respuesta a esta situación, Proyecto ESPERANZA dedica gran cantidad de tiempo a analizar y elaborar con las mujeres cómo responder a las preguntas de los empleadores sobre su pasado y “gestionar” sus experiencias ante distintas audiencias.

Warunee Chaiwongkham, del SEPOM, compartió sus experiencias como mujer objeto de trata y relató cómo debió esforzarse en su comunidad para superar tanto la propia vivencia como el estigma y la vergu ̈enza que sufrió en su entorno. Ella y otros miembros del SEPOM pusieron de manifiesto que las etiquetas de víctima no reflejan la verdadera identidad, potencial y  humanidad de las personas.

Las etiquetas pueden interferir en el derecho a la dignidad y a la privacidad de las personas objeto de trata. Desde SEPOM exigieron sensibilidad y discreción a la hora de identificar a personas que han sufrido la trata y garantías de que los procesos de identificación no amenacen la dignidad de los individuos.

Todos los debates de las sesiones recalcaron el esfuerzo emocional y cognitivo que requiere la recreación de la identidad del individuo tras la vivencia de la trata y la resistencia a identidades “victimizantes” por parte de los demás (la comunidad, los servicios sociales, etc.). Para poder recuperase del trauma de la trata, acceder a recursos, y reintegrarse en la sociedad, las mujeres deben aprender a encontrar sentido a su propia experiencia y a “reconstruir” su historia protegiendo sus intereses y
su seguridad (es decir, aprender a preservar su privacidad).

Sabita, de Kolkata Sanved (India), habló sobre cómo la terapia de danza le ayudó a recobrar su identidad: “En la mayoría de los casos las personas como yo, las víctimas, no pueden expresarse con palabras, pero afortunadamente la danza no requiere este tipo de expresión”.

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Sueño, Éxito y Sustento http://voces.proyectoesperanza.org/sueno-exito-y-sustento/ http://voces.proyectoesperanza.org/sueno-exito-y-sustento/#comments Mon, 01 Nov 2010 10:57:53 +0000 voces http://voces.proyectoesperanza.org/?p=46 Jaqueline Leite, licenciada en Relaciones Internacionales,
Fundadora y Coordinadora General del Centro
Humanitario de Apoyo a la Mujer-CHAME, en Salvador
de Bahía, Brasil y miembro representante de América
Latina y el Caribe en la Junta Directiva de la Alianza
Global contra la Trata de Mujeres-GAATW, Tailandia.

 

Es cada vez más notorio el número de mujeres que salen de Brasil empujadas por un sistema económico que no garantiza su sustento, donde ellas mismas buscan de forma autónoma y estratégica alcanzar sus objetivos y sueños. Estos no son únicamente realizaciones personales, ya que responden a lo que todos consideran como éxito: un trabajo y un matrimonio en el extranjero. La familia desempeña un papel decisivo en lo que se refiere al contexto ideológico para la migración. Un aspecto importante es la ausencia de políticas públicas en el Estado brasileño, especialmente de atención sanitaria, seguridad y educación, que causan en gran medida la salida de mujeres hacia otros países, así como dificultan un retorno voluntario asistido.

Cambios Incompletos

En enero de 2004, Brasil firmó y ratificó el Protocolo Adicional de la Convención de Naciones Unidas (ONU 2000) Contra la Delincuencia Transnacional Organizada Relativo a la Prevención, Represión y Sanción de la Trata de Personas, en especial de Mujeres y Niños, mediante el cual se definió y amplío el concepto de Trata de Personas e incluye diferentes situaciones en las que el individuo ha sido sometido a violaciones de derechos humanos. Como consecuencia de esta ratificación se modificó el Código Penal en relación a la Trata en sus artículos 231 y 231-A, entre 2005 y agosto de 2009.

Los cambios de ley sobre Trata provenientes de este marco legal internacional, proporcionaron modificaciones en la ley interna y en el Código Penal brasileño, aunque no contemplan el concepto de Trata tal y como se recoge en el Protocolo de Palermo, reduciendo éste a la explotación sexual o prostitución, sin tener en cuenta otras formas de Trata para servicio doméstico, trabajo
forzado, matrimonio servil, entre otras formas comunes de este delito.

Auto Identificación

Las brasileñas migrantes tienden a no solicitar el apoyo institucional ofrecido a mujeres en situación de violencia, ya que no están acostumbradas a recibirlo en su país de origen. Brasil carece de una sociedad civil organizada, por tanto, las relaciones sociales están enraizadas en relaciones de parentesco y de vecinos, a diferencia de los países europeos donde el Estado ofrece y garantiza un apoyo institucional a la sociedad civil y al individuo en situación de vulnerabilidad. Por ello es difícil para las migrantes identificarse como sujetos de derecho y admitir que estos han sido violados, que han sido explotadas o que son posibles víctimas de trata, pues esta situación en la que están inmersas se asemeja con la situación de inestabilidad, violencia de género e inseguridad que se vive en Brasil.

Muchos casos de migración internacional de brasileñas que aparecen en los medios de comunicación como violación de derechos y trata de personas, en su mayoría, están clasificados, vistos y divulgados como explotación sexual. Esta visión se plasma tanto en informes de organismos responsables como la Policía Federal, Ministerios, hasta en las mismas ONG’s especializadas. Esto se refleja en las leyes y repercute en lo cotidiano de las personas afectadas por este delito. Esta forma de entendimiento y percepción hace que muchas mujeres en situación de trata no quieran identificarse contando sus historias por el preconcepto y el enfoque moralista utilizado por las autoridades y la sociedad en general.

Dificultades y Políticas insuficientes

Las mujeres brasileñas que migran al extranjero son oriundas de diferentes regiones de Brasil, lo que provoca un difícil retorno al lugar de origen debido a las dimensiones continentales del país, a que los aeropuertos más comunes de llegadas de vuelos internacionales están localizados en Río de Janeiro y São Paulo, y a la falta de fondos económicos, de instituciones u organismos que puedan apoyar un traslado seguro y asistido y responder a diversas necesidades en sus ciudades de origen.

En cuanto a la Política de lucha contra la Trata, Brasil instituyó un “Plan Nacional de Enfrentamiento a la Trata de Personas” (PNETP) desde enero de 2008 hasta enero de 2010, centrado en tres ejes estratégicos: prevención, represión y atención a las víctimas. Sin embargo, teniendo en cuenta lo previsto en el Código Penal brasileño sobre el concepto de Trata con fines de explotación sexual y prostitución, las mujeres no se identifican como tal, pues no están dispuestas a sufrir más discriminación, ya que esto implica que la comunidad y familia la estigmatice viéndola más como una criminal y delincuente que como víctima de un delito.

Otro factor que agrava esta situación es que en los últimos años se ha observado que la mayoría de los casos de mujeres que están en situación de trata fueron captadas por personas del entorno familiar y personal. Este hecho supone riesgos para su seguridad cuando éstas retornan a su lugar de origen, pues el captador amenaza a su familia y a ella misma. A esto se une el miedo de que el captador haga público lo que ellas no desean que su familia sepa.

Conclusión

Una gran parte de las brasileñas que se encuentran en el extranjero envía más de la mitad de sus ganancias a Brasil. Esto genera una situación de dependencia que les impide, la mayoría de las veces, salir del ciclo de abuso y explotación a la que se ven sometidas. Brasil no ofrece oportunidades y garantías concretas de trabajo, sanidad, educación, vivienda, seguridad, entre otras necesidades fundamentales. Luego, con los sueños rotos, el éxito no alcanzado y el sustento sin garantía, ¿cómo pueden retornar a casa?

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